jueves, 28 de mayo de 2026

elEconomista.es: De la auditoría al informe pericial: cuando el objetivo marca el camino, por Félix Muñoz (Auren)

Félix Muñoz, socio de Auren Auditoría

"Necesito una auditoría". Es una frase que los auditores escuchamos con frecuencia. Sin embargo, al entender el objetivo real del cliente, comprobamos que, en muchas ocasiones, lo que precisa no es una auditoría de cuentas en sentido estricto, sino otro tipo de encargo profesional: una revisión limitada, un informe de procedimientos acordados, un certificado de hechos o incluso un dictamen pericial contable.

La confusión es comprensible. El término "auditoría" se ha popularizado como sinónimo de validación o revisión independiente, cuando en realidad, en el ámbito profesional tiene un sentido técnico y normativo muy concreto. Elegir correctamente el tipo de trabajo no solo optimiza tiempos y costes; sino que garantiza que el informe aporte la utilidad que el cliente realmente necesita.

Una auditoría de cuentas es un encargo con un objetivo específico: emitir una opinión profesional sobre si las cuentas anuales (o estados financieros) expresan la imagen fiel de una entidad de acuerdo con el marco de información financiera aplicable. Su ejecución está regulada por normas profesionales y una legislación específica, que exige un alcance amplio de procedimientos, pruebas y evaluaciones del control interno.

Este tipo de trabajo es obligatorio por ley en determinadas sociedades y entidades por razón de su tamaño, actividad o naturaleza. También puede realizarse de forma voluntaria cuando los socios, los administradores o terceros como entidades financieras o inversores quieren reforzar la credibilidad y fiabilidad de la información financiera.

Más allá de la auditoría de cuentas en sentido estricto, la práctica profesional del auditor incluye otros encargos que, aunque a menudo se confunden bajo el mismo paraguas, responden a objetivos, alcances y niveles de seguridad muy distintos.

Por un lado, encontramos la revisión limitada, se trata de un trabajo con menor alcance que la auditoría que se apoya principalmente en procedimientos analíticos e indagaciones. Es especialmente útil cuando se requiere una revisión ágil y menos costosa que la auditoría, y el contexto admite seguridad moderada como, por ejemplo, reporting a un financiador entre cierres anuales.

Otro de los trabajos es el Informe de procedimientos acordados (IPA). En este caso es el auditor el que aplica procedimientos concretos pactados con el cliente o con un tercero como, por ejemplo, una administración o un banco. El resultado es una descripción objetiva de los hallazgos obtenidos, sin emitir opinión global. Este tipo de encargo es habitual cuando se necesita verificar aspectos específicos como, por ejemplo, comprobar que una subvención se ha usado conforme a las bases reguladoras, o validar la existencia de ciertos saldos. Resulta de aplicación cuando el usuario sabe qué quiere verificar y no necesita una conclusión general, sino la evidencia factual.

Por otro lado, nos encontramos con los certificados de hechos concretos que tienen un carácter aún más delimitado. En este caso, el auditor certifica un hecho objetivo y verificable, como por ejemplo la coincidencia de un importe con los registros contables, el cálculo de un determinado ratio conforme a una fórmula acordada, o el cumplimiento de una condición en una fecha determinada. Su utilidad es especialmente relevante en trámites administrativos, licitaciones, contratos o convocatorias en los que se exige una prueba documental muy concreta, sin análisis amplio de estados financieros.

Por último, encontramos el dictamen pericial contable, un informe técnico que se sitúa en el ámbito judicial o arbitral. En estos casos, el auditor actúa como experto independiente para analizar y dictaminar sobre asuntos contables, financieros o económicos controvertidos. Este documento puede aportar al juez o al árbitro claridad técnica: cuantificación de daños, interpretación normativa contable, reconstrucción de saldos, o valoración de operaciones ante litigios o controversias que requieren una opinión experta sustentada en técnicas contables/financieras.

En definitiva, bajo la denominación genérica de "auditor" conviven distintos tipos de encargos con finalidades muy diferentes. Comprender esta diversidad es clave para seleccionar la herramienta adecuada en cada situación y garantizar que el trabajo responda realmente a la necesidad del usuario.

Pero ¿por qué es tan importante diferenciar? En primer lugar, afecta directamente al coste y a los plazos. Una auditoría de cuentas implica más horas, más pruebas y más documentación. Si el objetivo es puntual, por ejemplo, verificar un importe, optar por un informe de procedimientos acordados o un certificado puede ser más eficiente. También es clave desde el punto de vista del valor probatorio. En entornos judiciales o administrativos, suele exigirse un formato y un alcance concretos. Un dictamen pericial, por ejemplo, tiene una finalidad probatoria distinta a una auditoría.

La adecuación al objetivo es otro elemento esencial. Mientras que la auditoría ofrece una opinión global sobre la imagen fiel de los estados financieros, otros encargos permiten dar una respuesta a necesidades específicas, como confirmar un hecho concreto o verificar un requisito de una subvención.

Por último, elegir correctamente el tipo de trabajo aporta claridad para terceros. Determinar el encargo correcto evita malentendidos con bancos, inversores, administraciones o juzgados sobre qué asegura el informe y qué no.

El impulso de pedir "una auditoría" nace del deseo de confianza y credibilidad. Sin embargo, la confianza se construye de forma más eficaz cuando alineamos el tipo de encargo con el objetivo real y con las exigencias del destinatario.

Como profesionales, nuestra responsabilidad es precisamente esa: entender la necesidad, acotar la finalidad y proponer el trabajo idóneo en cada caso. Porque no todo lo que hace un auditor es una auditoría, pero todo debe cumplir con un mismo fin aportar fiabilidad, claridad y verdadera utilidad.

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