El debate sobre la adopción en España de la Norma Internacional de Auditoría para Entidades Menos Complejas (NIA-EMC) ha adquirido una creciente relevancia en los últimos meses.
Algunas
opiniones han sostenido que esta norma supondría auditorías
"simplificadas", una pérdida de calidad o incluso un riesgo para la
financiación empresarial. Tales afirmaciones, sin embargo, no se sostienen a la luz de un análisis técnico riguroso ni de la evidencia disponible, tanto nacional como internacional.
La NIA-EMC, no solo no disminuye la calidad del trabajo auditor
sino que, constituye una herramienta necesaria para reforzar la
eficiencia, la proporcionalidad y la competitividad del sector,
alineándose con los estándares que avanzan en el ámbito internacional.
Conviene aclarar,
en primer lugar, que la NIA-EMC no es un estándar de menor alcance ni
una auditoría de cuentas de inferior calidad. Se trata de una norma
completa, diseñada durante seis años por el IAASB con la participación
de 133 jurisdicciones, que recoge todos los elementos sustanciales del
ciclo de auditoría. Su principal aportación es disponer de una
estructura clara, un lenguaje más accesible y una redacción adaptada a
la realidad de las entidades menos complejas, sin reducir en absoluto el nivel de aseguramiento.
La ponencia
presentada en el AuditMeeting 2025, ante más de 600 auditores de
cuentas, evidenció que los 158 folios de la NIA-EMC contienen los mismos
principios esenciales que, en las NIA-ES, se encuentran dispersos en
más de 1.200 páginas. La diferencia no está en el fondo, sino en la eliminación del formalismo excesivo que dificulta la aplicación eficiente de las normas actuales.
La NIA-EMC no suprime procedimientos esenciales ni relaja criterios de evidencia o documentación. Su finalidad es centrar la auditoría de cuentas en aquello que realmente contribuye a identificar y responder a los riesgos de incorrección material.
La proporcionalidad, lejos de ser una reducción del rigor, constituye una mejora sustancial en la calidad del trabajo,
al permitir que el auditor de cuentas dedique más tiempo a analizar,
contrastar y concluir, y menos a generar documentación redundante que no
aporta valor.
Los datos
disponibles en España son especialmente ilustrativos. El estudio
elaborado por el REA-CGE, publicado en septiembre de 2025 y basado en
profesionales con más de diez años de experiencia, muestra que el 96 % de los auditores apoya la adopción de la NIA-EMC.
Más del 90%
identifica una sobrecarga documental en las NIA-ES que no contribuye a
mejorar la calidad, sino que desplaza el enfoque del riesgo al
cumplimiento formalista. La Memoria del ICAC de 2024 confirma esta
realidad: la mayoría de los incumplimientos detectados en inspecciones tienen carácter formal, no sustantivo. Precisamente este formalismo es lo que la NIA-EMC corrige, sin alterar la esencia del trabajo profesional.
Una auditoría de cuentas realizada bajo la NIA-EMC proporciona el mismo nivel de seguridad razonable
que una efectuada bajo las NIA-ES. La confianza del mercado no se ve
afectada; al contrario, se refuerza, puesto que el informe resultante es
más coherente con las características reales de la mayoría de las
empresas españolas –pymes y entidades menos complejas– y más
comprensible para usuarios, entidades financieras y terceros. La
proporcionalidad favorece la transparencia y la claridad del propio
informe.
Debe precisarse, asimismo, que la coexistencia de dos estándares no genera inseguridad jurídica.
La NIA-EMC es un estándar internacional, certificado por el PIOB y
respaldado por IFAC, cuyo propósito es precisamente evitar la
fragmentación normativa que ya se observa en distintas jurisdicciones.
La inseguridad no
deriva de adoptarla, sino de no hacerlo mientras otros países sí avanzan
en su implantación, generando divergencias y pérdida de comparabilidad.
Además, toda auditoría, sea bajo NIA-ES o bajo NIA-EMC, está sujeta
obligatoriamente a la NIGC1-ES, que impone un mismo sistema exigente de
gestión de la calidad. En consecuencia, no existen "dos categorías" de auditoría de cuentas, sino un único marco de aseguramiento y de calidad profesional.
Desde una
perspectiva estratégica, la adopción de la NIA-EMC es necesaria para
garantizar un funcionamiento equilibrado del mercado español de
auditoría de cuentas. Las firmas pequeñas y medianas –que representan la
mayoría del tejido profesional– afrontan una carga normativa desproporcionada frente al tipo de entidades que auditan.
La NIA-EMC mejora
la eficiencia, facilita la trazabilidad del trabajo, reduce barreras de
acceso, favorece la integración de nuevas generaciones y contribuye a un
ejercicio profesional más sostenible. Es una herramienta que fortalece
la calidad, ordena el mercado y permite a España alinearse con las mejores prácticas internacionales.
Por todo ello, y
en coherencia con las recomendaciones de los organismos internacionales,
la adopción de la NIA-EMC constituye una medida oportuna, técnicamente
fundamentada y necesaria para el fortalecimiento del sistema de auditoría en nuestro país.
Resulta razonable confiar en el juicio profesional del auditor
de cuentas y permitir que cada firma determine, con responsabilidad y
dentro del marco normativo, si la aplicación de la NIA-EMC es adecuada
en cada encargo.
España no puede quedar al margen de un estándar internacional
concebido para reforzar la calidad, mejorar la eficiencia y asegurar la
competitividad del sector en un entorno global en constante evolución.
Presidente del Registro de Economistas Auditores del Consejo General de Economistas (REA-CGE)