El chocolate del loro
Sevilla Actualizado:17/04/2021 00:50h
Seguro
que conocen la historia de aquella familia venida a menos a la que el
padre reúne para contarles la situación que atraviesan y la necesidad de
reducir gastos; pero la mujer no está dispuesta a renunciar a sus
clases de inglés, ni la mayor a las sesiones de pilates, el hijo no
piensa suprimir las escapadas de fin de semana y lo de darse de baja en
el club ni se lo plantean. Al final alguien encuentra la solución:
¡suprimirle el chocolate al loro!
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| Nazarenos de la Quinta Angustia - M. J. López Olmedo |
No es el caso de las
hermandades, desde luego, pero cuando la necesidad aprieta, como ahora,
la solución va más allá de reducir algunas partidas de gasto. Se trata
de repensar la hermandad para mantener lo esencial e ir prescindiendo de
actuaciones y gastos posiblemente muy arraigados, pero que pueden ser
prescindibles.
No se me ocurrirá decir cuáles son los gastos que
habría que suprimir, cada hermandad es un mundo, pero sí plantear dos
herramientas que nos pueden ayudar.
La primera es la elaboración
de un presupuesto base cero. A la hora de preparar el presupuesto para
el próximo ejercicio los mayordomos suelen tomar como referencia el del
año anterior y sobre él tratan de ajustar las distintas partidas. Ahora
se trataría de partir de cero y replantearse toda la actividad de la
hermandad ciñéndose a lo esencial: formación, caridad y cultos, y aún
viendo si estas acciones se pueden desarrollar de otra forma que suponga
menos gasto.
Es bueno repensar cada partida de gasto, comprobar
su necesidad ineludible y en qué medida es 'rentable', es decir si es
decisiva para el cumplimiento de los fines de la hermandad o
prescindible.
Con respecto a los ingresos lo más prudente es
contar como ingresos ordinarios sólo los de las cuotas de hermanos. Las
rifas, tómbolas, donativos y subvenciones son ingresos extraordinarios
que serán muy bienvenidos, si llegan, pero con los que no podemos contar
para atender los gastos ordinarios, los de funcionamiento.
Todo
esto exige el control y análisis mensual de las cuentas y para eso es
necesario que la contabilidad se ajuste al Plan General Contable
adaptado a las hermandades (disponible en la web del Arzobispado de
Sevilla). Esta es la segunda herramienta a la que aludíamos más arriba,
que además es imprescindible para la presentación de las cuentas anuales
en el Protectorado Canónico.
Esto supone salir de la rutina y
exige una buena dosis de generosidad, esfuerzo, capacidad de análisis y
visión de futuro. Dirigir una hermandad es analizar el presente y tomar
decisiones para desarrollar un proyecto de futuro, no gestionar
sentimientos en un permanente bucle melancólico.
Hay una tercera
herramienta, útil en algunos casos: las pólizas de crédito. No para
consumirlas inmediatamente y luego amortizarlas, como si fueran un
préstamo, sino para disponer de un remanente de tesorería en casos
puntuales. Una póliza de crédito bien gestionada alivia muchas
tensiones.
Seguro que los 'cofrades con papeles' argumentarán que
éste es un planteamiento excesivamente mercantilista, que no se puede
reducir una hermandad a términos económicos como si fuera una empresa,
que los sentimientos religiosos no son reducibles a balances y
presupuestos. Totalmente de acuerdo, pero si la hermandad no dispone de
recursos económicos difícilmente podrá subsistir y dedicarse a sus
fines.