Cuestiones culturales, demográficas y económicas están detrás del descenso de vocaciones
Raquel Díaz Guijarro
Madrid - 21 mar 2023 - 05:15 CET
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Empresas multinacionales y despachos más pequeños de
auditoría de todo el mundo llevan tiempo advirtiendo a sus Gobiernos y
reguladores de la caída de vocaciones de auditores. Es un
problema que no solo se detecta en las universidades, momento crucial en
el que los futuros titulados deben decidir a qué área dedicarse
profesionalmente, sino en los primeros años de su desempeño como
verificadores de cuentas. “Ya no es solo que cada vez haya menos
titulados que deseen dedicarse a la auditoría, es que cuando llevan dos o
tres años trabajando, muchos lo dejan por otra actividad”, explican en
una big four.
El Registro Oficial de Auditores de Cuentas (ROAC) es en España el organismo oficial donde se encuentran incluidas todas las empresas auditoras y los auditores a nivel nacional.
Estar inscritos en él les capacita para la realización de informes
periciales de carácter contable, económico o de auditoría de cuentas.
Para figurar en este exclusivo listado hace falta además de titulación
(en carreras de Económicas y Derecho), contar con una experiencia de tres años, dos de ellos en auditoría,
superar una prueba teórica y finalmente aprobar un examen práctico que
dura seis horas, se convoca cada dos años y es conocido por su
dificultad.
Un
dato que lleva años adelantando esta caída en las vocaciones es, por
ejemplo, el número de aspirantes que se presentan al examen del ROAC.
Tal y como recuerda Emilio Álvarez, presidente del Registro de Economistas Auditores “se
ha pasado de cifras en torno a los 1.900 candidatos a apenas 500 en la
última convocatoria”. De ellos, suelen aprobar un 30%, porcentaje que se
ha mantenido estable a lo largo de la historia y da idea de la
dificultad de la prueba. En este contexto, ¿qué explica que los jóvenes
ya no quieran ser auditores? Desde las big four consultadas, las auditoras de menor tamaño, el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España (ICJCE) y el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) coinciden:
“son varios factores los culpables. El primero es irremediable, el
efecto demográfico. Hay menos jóvenes y solo la llegada de auditores
procedentes de Sudamérica está paliando parcialmente la falta de
profesionales”, explica Álvarez.
Opción preferida
Pero,
además, existen causas culturales y económicas. “A diferencia de lo que
ocurría en el pasado, y aunque los estudios demuestran que sigue siendo
bien valorada por los estudiantes de carreras económicas, la auditoría de cuentas ya no es la opción preferida de los mejores expedientes.
Ahora, hay otras carreras que atraen más a los jóvenes. Por ejemplo,
las tecnológicas o las relacionadas con el turismo. A nivel académico,
la auditoría de cuentas compite con muchas más asignaturas que en el
pasado y las universidades no están trasladando a los alumnos las
oportunidades profesionales que tiene”, sostienen en el ICJE.
Es complicado captar a nuevos auditores, pero igual de difícil resulta después retener al mejor talento.
“El diseño de las leyes a las que estamos sujetos es una de las
principales barreras. Tal y como está estructurado el calendario de
formulación y aprobación de cuentas, los profesionales se encuentran con
fuertes puntas de trabajo en determinados meses que no cuadran con el
estilo de vida que desean tener. Al mismo tiempo, la complejidad y la
creciente responsabilidad que tienen los socios de las firmas desanima a muchos de los que deberían coger su relevo”, insisten fuentes del ICJCE.
Y
aunque continúa siendo un sector bien remunerado, los problemas que
siguen encontrando las mujeres para llegar a ser socias y las trabas que
aún persisten para conciliar o teletrabajar, el conocido como salario
social o no dinerario, cada vez es más tenido en cuenta a la hora de
aceptar una oferta de trabajo, reconocen fuentes de las big four.
Tampoco ayuda el hecho de que sea una actividad sometida a constantes cambios normativos,
que no hacen sino aumentar la carga de trabajo de los auditores. Tal es
el nivel de preocupación por este asunto, que auditoras de todo tamaño
han remitido una comunicación al ICAC, regulador de la profesión en
España, para que estudie cómo solventar esta cuestión.
El
único punto con el que el sector se muestra esperanzado en frenar esta
tendencia a la baja en el número de auditores ejercientes “es la nueva
regulación referida a los criterios ESG (ambientales, sociales y de
gobierno corporativo por sus siglas en inglés), más amable porque toca
aspectos ambientales y sociales y no tan áridos como los meramente
contables”, admite Álvarez.
Consenso para reformar el examen que otorga la habilitación de auditor
Las cifras que publica cada año el ICAC sobre el número de auditores registrados en España todavía no reflejan un fuerte desplome en el volumen total de profesionales. Solo en el apartado de los ejercientes en los últimos tres años se ha producido un retroceso del 3,1% (ver gráfico).
Sin embargo, hay datos que avalan que la preocupación sea máxima. En la actualidad, casi
el 90% de los auditores firmantes tiene más de 40 años. En 10 años, el
70% de ese colectivo se encontrará en edad de jubilación. O
dicho de otra manera, la edad media actual de los miembros del ROAC es
57 años, por lo que ya hay más auditores de 70 que por debajo de 40.
Además, teniendo en cuenta el ritmo actual medio de reducción de
ejercientes (74 al año en los últimos 12) y partiendo del número actual,
en aproximadamente 15 años no habrá suficientes profesionales
firmantes. Y, por último, otro dato que indica lo inquietante de la
situación: mientras en el año 2000 la relación entre el número de
informes emitidos y el número de ejercientes en España era de 9 por profesional; ahora es de 16 informes.
La
única vía para revertir esta situación es lograr atraer más jóvenes a
esta profesión. El cambio más sustancial con el que se quiere actuar se
podrá aplicar ya este año. En la convocatoria para el examen del ROAC de 2023
la prueba estará dividida en dos partes cuya duración será de cuatro
horas, por un lado; y otras dos, por otro. Los exámenes se convocarán
cada año, en lugar de cada dos, y si se supera una de las dos partes del
examen práctico, se guardará la nota durante una convocatoria. Quienes
decidan examinarse no tendrán que presentar al ICAC el expediente del
examen, un trámite bastante farragoso, según admiten en el sector, cada
vez que opten a la prueba. Para una segunda fase de cambios, se está
estudiando poder hacer la prueba con ordenador y no de forma manual. La
orden que regulará todas estas nuevas condiciones ha sido consensuada
por todo el sector y ya está solo a la espera de ser ratificada por la Abogacía del Estado. La
idea es incentivar a que se presenten más aspirantes. Entretanto, se
suceden las iniciativas para atraer a los jóvenes como el Audit Escape Room o el Auditor por un día promovidos por el ICJCE.
A un nivel más institucional, promueven la realización conjunta entre
las universidades y la profesión de programas máster y cátedras
específicas de auditoría, con el objetivo fundamental de una mayor
presencia de la auditoría en los planes de estudio.